martes, 18 de diciembre de 2012

Recuerdos

Hola hola a todos ^_^

Bueno hoy estoy realmente cansada, estoy pasando por un resfriado-gripe-loquesea y me está dejando para el arrastre, aunque sí que os digo una cosa...NO PODRÁ CONMIGO!

Sé que os debo la entrada del curso del domingo con Diana (Di-tartas), peeeero para ese post necesito tiempo y relax y ahora mismo no tengo ninguna de esas dos cosas, con lo cual hoy os traigo algo que sale de mi cabeza y que todavía no os había enseñado: mi vena literaria

Aquí os dejo algo que escribí para Romántica Adulta ^_^


Recuerdos
Irene Alberola

“Nunca nadie nos enseñó amar…
Sin embargo, ese sentimiento, nos dará la eternidad”

El tiempo y el espacio son efímeros en mi vida, o quizá sea mejor decir en mi nueva condición. No se exactamente donde estoy ni quien soy, solo se lo que mi mente, a veces efervescente, me permite recordar.
No estoy muerto, pero tampoco vivo, aunque esto, realmente, no significa nada. Solo es una situación: mi cuerpo está postrado en la cama de un hospital, mi mente bulle con recuerdos del pasado.
Máquinas pesadas se encuentran a mí alrededor, y yo estoy allí, en medio de aquel berenjenal de pitidos y cables, sin poder hablar, sin poder moverme, intentando no dejarme llevar por la negrura que intenta arrastrarme.
La oscuridad es dolor, y el sufrimiento nunca es bueno.

No se cuanto tiempo llevo así, pero me da igual, únicamente me centro en lo más importante de mi vida: ella.
Pero, ¿Qué pensaba ayer cuando todavía reía? ¿Cuándo disfrutaba al verla? Sí, todavía la veo y puedo “oler” su perfume, pero todo ello es producto de mi imaginación. Nunca será lo mismo, todo se desvanece antes de poder saborearlo.
Mi mundo ha cambiado tan deprisa… o quizá no haya pasado tanto tiempo y sea mi mente la culpable de hacer correr a las manecillas incansables de mi reloj.
No lo sé, sólo veo las imágenes borrosas que se desdibujan en mí una y otra vez.
¿Qué ocurrió exactamente? ¿Qué me ha pasado?
Unas palabras llegan a mis oídos de un lugar más allá del simple mundo mortal.

- No puedo seguir contigo – Dijo la clara y suave voz de una chica joven. Tendría como máximo 14 años. Aquel sonido, dulce y aterciopelado, estaba a punto de romperse en mil pedazos mientras pronunciaba estas palabras – Sabes que yo te quiero…
Las imágenes se hicieron reales en mi mente, parecía la proyección de una película antigua.

La joven bajó la cara, su cabello dorado como el trigo tapó su angelical rostro. Junto a ella un chico (¿yo?) de pelo negro azabache la miraba casi con odio.
- Sé que me quieres, pero tienes que dejarme – Mi voz sonó dura, cortante. Un deje de rencor se dejaba entrever en aquellas palabras, en aquel tono utilizado. No dije nada más.
La cinta dejó ver al muchacho con la mirada perdida en el inmenso azul del cielo, ¿por qué mirarla si la visión de la perfección me haría estremecer? Las imágenes se sucedieron una tras otra y me mostraron el resto de la conversación.
El chico se mesó el cabello como tantas otras veces había hecho.
Estas situaciones nunca se me habían dado bien. Amar o que me amaran. Qué extraño era sentir, y sin embargo aquella niña de ojos tristes y mirada penetrante había conseguido que me entregara por completo a ella. No había explicación, simplemente yo era suyo.
- Fran, no lo digas así – Instó.
- ¿Y qué digo? Sé que son tus padres, la diferencia de edad…Sí yo ya tengo 19 pero ¿y qué? – No pensaba lo que decía, simplemente me dejaba llevar por mis sentimientos, cual navegante sin rumbo, equívocos por la situación.
- Sabías que podría llegar este día…

Su voz se quebró. Rompió a llorar. Un lóbrego mar, como cascadas de desatino, brotó de sus ojos. Sus sollozos se hicieron eco de la situación, y por un momento mi débil y enfermizo corazón se hizo cargo.
- Pequeña acércate…
- No Fran, no…ya no…no puedo, mis padres…yo…
No terminaba las frases y sin embargo yo sabía que quería decirme. Llevaba tiempo pensándolo. Ella era demasiado joven para mí, pero era un ángel. Mi ángel. No podía separarme de ella hasta que se me ordenara. La miré sin decir nada. Y por fin entendí, ahí tenía lo que siempre había temido. Una lágrima recorrió mi rostro, me di media vuelta y me marché.
Seguía recordando ¿sería aquello realmente lo que pasó o mi mente enfermiza me engañaba?
Rememoraba las siguientes escenas como flashes apagados y llenos de neblina: a lo lejos se oía los gritos de ella, chillaba mi nombre una y otra vez, sin cansarse. Yo andaba sin mirar atrás. ¿Qué haces cuando un ángel te pide que te alejes? Sólo puedes hacer una cosa…hacerle caso.

Un momento concreto se detuvo en mi memoria, como si aquel celuloide hubiera decidido ponerse en pausa en aquel preciso instante: un cruce, los coches, los pitidos, la voz que me llamaba…
- Yo te quiero… - Fueron las últimas palabras que escuché antes de caer.
Los recuerdos desaparecieron de mi mente, iban borrándose con pinceladas del presente. No sabía si lo que escuchaba era real o producto de mi imaginación…los pitidos, los gritos, las personas y aquel olor, su olor.
Recordarlo evocó en mi una frase, un recuerdo, ¿cuánto hacía de aquello?
- Siempre que me quieras viviré eternamente. Será tu amor lo que me mantendrá viva.
¿Por qué ella me había dicho aquello? ¿Por qué lo recordaba ahora?
La agitación de mis pensamientos llegó a su punto álgido, las imágenes, las palabras pasaron sin cesar haciendo que me aturdiera, que no pudiera pensar con claridad. El dolor se hacía cada vez más palpable, mi debilidad estaba haciendo que cayera en la espesura.
¿Y si era verdad? ¿Y si yo fuese inmortal por ese amor que me profesaban?
La negrura, la agonía, seguían llamándome a voz en grito. Pero ¿y si moría por dejarme llevar?
Podría hacerlo, ¿qué era lo que allí me retenía? ¿Su recuerdo? ¿Y si la muerte no fuera tan mala? ¿Y si yo fuera eterno gracias al poder de su amor?
Suspiré, simbólicamente, con mi alma.
Una vez tomada la decisión lo demás era sencillo, dejé de resistirme. Las cadenas que había atado se liberaron, todo mi ser comenzó a ser un conjunto de pinchazos, punzadas, dolores y oscuridad.
Pitidos y más pitidos. Gritos. Gente corriendo. Aquella esencia.
En mi interior, quizá ya por mero reflejo a la realidad, cerré los ojos, cuando los abrí un fogonazo hizo que incluso doliera. Parpadeos y más gritos.
- ¿Fran? ¿Fran? ¿Me oyes?
Esa voz.La escuchaba perfectamente, su sonido, su esencia, el dolor remitía gracias a esos trazos de paz. Era ella, ahora estaba seguro, me encontraba en el paraíso. Había muerto y jamás volvería a despertar, pero me daba igual ellaestaba en mi camino, había sido bueno dejarse llevar. No conocía mejor manera de dejar el mundo de los vivos.
- Fran, asiente con la cabeza si me oyes.
Diligente asentí, ella lo era todo para mí y allí estaba todo su ser, todavía no la había visto pero la sentía cerca de mí, llenándome. No veía nada, puntos de luz, provocados por el fogonazo me impedían la visión, parpadeaba como un loco moviendo la cabeza, algo no me permitía hacerlo conforme yo deseaba, ¿qué pasaba? ¿Por qué no la veía?
Intenté explicarle lo que había vivido, lo que había sentido y la paz que ella me daba. Pero no podía hablar. Quizá los muertos no pudieran, o simplemente tenía que acostumbrarme a mi nueva condición. Intenté relajarme centrándome en ella…todo lo demás me daba igual, era su voz, su fragancia. Ella era eterna. Y me había hecho serlo a mí.
Mi cabeza escogió ese momento para concentrarse en unas palabras que acariciaron mis oídos, dejó todo lo demás a un lado, los pasos, las manos que me tocaban, los gritos, todo quedó a un segundo plano cuando su voz resonó en mi mente:
- Fran cariño, estamos en el hospital, te pondrás bien… - oí como sollozaba - yo te quiero y siempre estaremos juntos. Siento lo que ha pasado, de verdad. – Una lágrima rozó mi mejilla, la sentía junto a mi, no habían sido imaginaciones, había despertado. Sobresaltado noté sus labios en el lóbulo de mi oreja, me susurraba, la sentía y la oía llorar, intenté decirle algo pero seguía sin poder hablar. Como por arte de magia ella sintió mi necesidad y dijo - Jamás te dejaré, fue una equivocación, lo siento mi amor…siempre estaremos juntos, porque así, los dos, somos infinitos…
Y así, sin más, solo con su amor, renací de nuevo.






5 comentarios:

  1. Que te recuperes y pases una felices fiestas. Besitos.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Sigues con la mala costumbre de adoptar a todo tipo de bicho que te ataca... ¿Cuántas veces te hemos dicho que eso no se hace?... Ains... Espero que te mejores porque ahora que te has puesto a compartir tus cosas una echa en falta cuando no ve alguna cosa nueva.
    Por cierto, me encanta cómo escribes.
    Besos y mejorate ^_^

    P.D: Borré el anterior comentario porque había una falta de ortografía horrible... eso me pasa por escribir de madrugada cuando una ya no piensa bien XD

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que se ve que andan agustico en mi cuerpo y se lo dicen los unos a los otros :P

      Pero ya estoy muchísimo mejor, tranqui que en breve (por no decir en un ratete) tenemos post con el curso del domingo ^^

      Un beso!!

      Pd.- eso me ha pasado como 200 veces jajajaja

      Eliminar

Dime lo que quieras!! siempre escucho!